Jun 5, 2014

Memorias

Me sorprendió tanto soñar contigo. Un sueño placentero en el que revivimos nuestras aventuras infantiles, nuestras pláticas infinitas por teléfono, nuestras memorias; un pequeño tiempo juntas. Rumbo al final de él me sentí inquieta, extraña, triste. A lo lejos sonaba un timbre, el teléfono comenzó a sonar. Respondí. Me dieron la noticia de que ya no estabas aquí.

Te fuiste, te adelantaste, te convertiste en una estrella y nunca más viviremos lo que soñé. Qué frío fue todo, casi clínico: un saludo falso, el aviso, un adiós apresurado. Ese lo siento no fue sentido. Una voz extraña para mi, pero, tal vez, ahora esa persona estaba más cerca de ti que yo. Tal vez yo era una de tantas personas en una lista. Entonces desee que la distancia no hubiera existido, que hubiéramos compartido más momentos, más salidas. Más. Y quise también saber con seguridad que me quisiste tanto como yo, aunque fuera mentira; oírlo de tu boca.

Me impresioné tanto que no te lloré. Ha pasado el tiempo y recuerdo amargamente ese día. Trato siempre de cambiar el sabor, recordando aquel otro momento al final del verano en el que nos conocimos. Cómo nos divertimos al encontrar cosas en común, sobre todo al descubrir que nos divertían las mismas canciones y los mismos libros. Cómo, bajo el sol más azul del año, nos mecíamos en unos columpios demasiado pequeños para nosotras, y que no nos desalentaba la posibilidad de volar un poco. Aquel instante en que las dos resentimos a la niña rubia que tenía acaparados a todos los demás del parque, sólo porque traía una muñeca nueva. Y ni tú ni yo pudimos retener a los otros compañeros de juegos. Maldito cielo, sigue llorando mi tristeza, no ha parado en todo el mes.

Siento que si me despido te perderé de verdad. Porque el adiós significa que te he dejado ir. Mis palabras no te alcanzan allá en donde estás, pero para mí serán el final de nuestro tiempo juntas. Como desearía que estuvieras aquí y me dijeras con tu tono pesado de siempre que no es verdad, y que seguiremos juntas siempre. Qué mentiras. Porque en verdad el tiempo y la vida nos separó. Creo que las necesito.


¿Por qué tuvo que ser así? Alejarnos tanto y perderte tan lejos, para después encontrarte en un sueño de despedida. Ven, dime que no te arrepientes de nada de lo que pasamos juntas, que lo único malo fue el distanciamiento y que aún así siempre estuviste conmigo porque yo te pensaba y tú a mí. Dime que esto es una historia dentro de mi sueño y que cuando despierte seguirás aquí. Lejos, pero aquí.